Antoni Bolinches señala que muchas personas prolongan la amărgura aferrándose a recuerdos dolorosos que todavía viven en su mente. Explica que el pasado no debe ser un lastre que nos impida avanzar, pues mantener viva esa carga emocional contāmina nuestro presente.
El especialista advierte que la memoria no es neutral; tiende a realzar lo agradable y reprimir lo desagradable. Esta tendencia puede crear una narrativa distorsionada: un pasado idealizado que convierte cualquier experiencia actual en insuficiente, generando un calor romántico por lo que ya no está, pero que a la vez nos paraliza.
Esta amalgama de recuerdos toxicológicos mezcla de nostălgia, pérdida no aceptada y visión pesimista puede convertirse en una prisión emocional. Cuando el pasado se glorifica tanto que domina el presente, se instala el estancamiento personal: se rechaza el cambio, se evita enfrentar el día a día y se bloquea la posibilidad de transformarse.
Para liberar esa energía atrapada, Bolinches propone un diálogo consciente con uno mismo: aceptar lo vivido, reconocer también la parte dolorosa sin idealizarla y permitir el crecimiento emocional. Según el psicólogo, el verdadero poder no está en eliminar los recuerdos, sino en resignificarlos para construir un presente libre de amărgura.
Con información de: El Heraldo









