Los primeros días te sientes imparable: cada entrenamiento es un paso hacia esa versión más fuerte, más ágil y más sana de ti mismo. Pero, poco a poco, la emoción inicial se diluye. La pereza se cuela en la rutina, los progresos no son tan rápidos como esperabas y las excusas empiezan a acumularse.
“Hoy no puedo, estoy cansado”, “Mañana compenso”, “Total, una semana sin entrenar no es tanto”. Antes de darte cuenta, el deporte que te llenaba de energía hace solo unas semanas se ha convertido en una tarea pendiente más, algo que deberías hacer pero que siempre puedes posponer. ¿Por qué ocurre esto? ¿Es falta de disciplina, de tiempo, o simplemente elegimos mal la manera de mantenernos activos? ¿Podemos hacer algo para evitarlo?.
“Para mí algo clave y fundamental y que, bueno, me parece súper básico, es buscar algo que te guste”, asegura. “Creo que hoy en día estamos demasiado presionados. Todo el mundo tiene que hacer un deporte y hay que estar en forma, entonces hay veces que algo que es autocuidado, que es hacer ejercicio, que es buenísimo para la salud, se convierte en una exigencia porque nos ponemos a hacer cosas que no nos gustan y entonces duramos dos minutos y entramos en una rueda de no soy capaz, no me estoy cuidando, etc.”
La experta señala que es difícil mantener a largo plazo algo que no te guste. “Entonces, a las personas que estén comenzando a hacer deporte, yo les diría que busquen algo que les guste. Hay muchísimas cosas y no tiene por qué ser lo que le guste a todo el mundo. Es posible que no les guste el gimnasio o jugar al fútbol con sus amigos”, argumenta.









