En una Copa del Mundo sin precedentes, donde la logística se divide entre 16 ciudades de tres países distintos (México, Estados Unidos y Canadá), la capacidad de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, para aparecer casi simultáneamente en puntos geográficamente distantes ha despertado la curiosidad de aficionados y especialistas.
La respuesta a este despliegue, que permite al máximo directivo del fútbol mundial asistir a varios partidos en una misma jornada, se encuentra a más de 10,000 metros de altura. Se trata de un Gulfstream G650ER, una aeronave ejecutiva de ultra largo alcance valorada en más de 65 millones de dólares, la cual ha sido vinculada a los desplazamientos oficiales del dirigente.

Este jet, a menudo asociado con acuerdos de patrocinio comercial, es una pieza clave en la compleja operativa del Mundial 2026. Con una velocidad de crucero cercana a los 1,000 km/h y una autonomía que le permite recorrer hasta 13,900 km sin escalas, el G650ER permite una flexibilidad de horarios inalcanzable para la aviación comercial.
«Es una herramienta que permite salvar las barreras de un torneo que se extiende a través de cuatro husos horarios», señalan fuentes cercanas a la logística del evento. Mientras los aficionados y las propias selecciones deben sortear las limitaciones de las rutas aéreas estándar, el presidente de la FIFA utiliza esta tecnología para cumplir con una agenda que lo lleva, en cuestión de horas, de un estadio en Atlanta a otro en Vancouver, optimizando tiempos de una manera que redefine la presencia institucional en torneos de esta magnitud.
Sin embargo, esta movilidad constante también ha generado un intenso deb@te público. Investigaciones recientes han puesto bajo la lupa la huella de carbono asociada al uso intensivo de este tipo de aeronaves privadas, contrastándola con las políticas de sostenibilidad que la propia organización promueve para esta edición del torneo.
Mientras el Mundial avanza hacia sus etapas decisivas, la figura de Infantino y su sofisticada logística aérea continúan siendo tanto un símbolo de la escala colosal del evento, como un punto de fricción en la conversación sobre el impacto ambiental del fútbol profesional moderno.
Con información de: La Barra.deportes
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