El neurofisiólogo Eduard Estivill ha explicado que la capacidad de recordar los sueños no necesariamente es una señal de buen descanso, sino que puede estar vinculada a interrupciones en el sueño durante la noche.
Según el especialista, todas las personas sueñan, pero solo se recuerdan los sueños cuando se producen despertares durante la fase REM, el momento del ciclo del sueño en el que las ensoñaciones son más vívidas. Estos “microdespertares” hacen que el cerebro retenga fragmentos de lo soñado justo antes de despertar, lo que explica por qué algunas personas recuerdan con mayor claridad sus sueños.
Estivill señala que cuando el sueño es continuo y profundo, lo habitual es no recordar lo que se ha soñado. Por el contrario, en personas con un descanso fragmentado, estos despertares breves aumentan la probabilidad de recordar escenas oníricas, lo que puede interpretarse como una señal de que el sueño no ha sido completamente reparador.
Además, factores como la edad o la ansiedad influyen en este fenómeno. Con el paso del tiempo, el sueño tiende a volverse más ligero, lo que facilita los microdespertares, mientras que situaciones de estrés o tensión emocional también pueden intensificar la frecuencia de estos episodios nocturnos y, con ello, el recuerdo de los sueños.
En este contexto, los expertos recomiendan prestar atención a la calidad del descanso más que a la cantidad de sueños recordados, ya que un sueño continuo, sin interrupciones frecuentes, es uno de los principales indicadores de una buena higiene del sueño y de un descanso verdaderamente reparador.
Con información de: AS









