Son apenas 14,3 kilómetros de línea pero es clave para los vecinos de Wakayama y Kinokawa, las poblaciones que une la Línea Kishigawa situadas al sur de Osaka. Ahora mismo, en el tren se pueden encontrar locales que van aquí y allá pero, sobre todo, se encuentran turistas. No son turistas cualquiera, para eso tenemos que ir unos kilómetros más arriba donde nos los encontraremos echándose fotos con el famoso Glico Man de Dotonbori. La Línea Kishigawa nació a principios del siglo XX. El objetivo era unir tres santuarios y que quienes peregrinaran hasta allí tuvieran las cosas más fáciles para moverse.

El santuario Nichizengu, el santuario Kamayama y el santuario Itakiso unidos por una línea de tren, cuentan en Japonismo. La línea permaneció en funcionamiento durante décadas y en los años 60 se hizo con su explotación la empresa Nankai. Pero el tiempo avanzó y las grandes ciudades se convirtieron en un agujero negro que absorbía y absorbía trabajadores. Las ciudades crecieron primero con los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964. Después con un desarrollismo acelerado que puso a Japón como el país más avanzado tecnológicamente del mundo.

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Esa despoblación fue matando poco a poco la línea Kishigawa. Tanto cayó el uso de la misma que en 2006, Nankai decidió cerrarla, incapaz de rentabilizar el servicio. Y es que en los años 2000, los pasajeros habían caído a la mitad respecto a una década atrás. La solución llegó de los gobiernos locales por los que pasaba la línea quienes se hicieron cargo del terreno y de las infraestructuras, quedando a cargo de una nueva empresa la explotación y mantenimiento de la misma.

De la mano de esta nueva empresa se creó Wakayama Electric Railway, la empresa que se iba a hacer cargo de la Línea Kishigawa. Ese día, una gata cambiaría para siempre el devenir de la línea. Después del evento de la reapertura, en la estación de Kishi, una mujer preguntó si una gata de apenas dos meses se podía quedar a vivir en la estación ya que no encontraba un hogar. Mitsunobu Kojima, presidente de Okayama Dentetsu y, por extensión, de Wakayama Electric Railway, no sólo la acogió en la estación, también le dio un trabajo en una clara muestra de confianza. Tama, que así se llamaba la gata, era ahora una trabajadora más de la nueva línea. El ascenso fue meteórico porque en 2007, apenas unos meses más tarde, Tama fue nombrada Jefa de Estación.

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Atraídos por la noticia, los turistas se multiplicaron. Más y más pasajeros se acercaron a la Línea Kishigawa para conocer a la gata que, uniformada, vigilaba la estación. Atraídos por la supuesta buena suerte de la nueva trabajadora, más y más personas llegaban para echarse fotos con ella. El éxito fue tal que de los menos de dos millones de viajeros que cogían la línea antes de 2005 se alcanzaron los 2,3 millones de pasajeros en menos de una década después, explican en Japonismo. Lamentablemente, en junio de 2015 con 16 años a sus espaldas, Tama falleció. El cariño de sus vecinos se dejó ver en los días posteriores cuando el gobernador de la prefectura a la que pertenece la línea de tren emitió un comunicado. Y, sobre todo, cuando a su funeral acudieron 3.000 personas.

Con información de: El Espectador

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