Mientras la Comisión Europea suaviza las advertencias de los expertos en energía, las compañías aéreas cuentan otra historia. Scandinavian Airlines ha cancelado unos 1.000 vuelos; Lufthansa ha hecho lo propio suprimiendo 20.000, y Air France-KLM está aplicando un recargo de 100 euros a los billetes de larga distancia.

Las refinerías de la UE producen aproximadamente el 70% del combustible de aviación del bloque. El resto suele importarse de Oriente Medio. Sin embargo, el cierre del estrecho de Ormuz ha duplicado los precios. La semana pasada, la Agencia Internacional de la Energía advirtió de que a Europa le quedan unas seis semanas de suministro, lo que podría provocar cancelaciones de vuelos.

La Comisión Europea sostiene que estas cancelaciones no están relacionadas con la escäsez, sino con la falta de rentabilidad de las propias aerolíneas. Aun así, por precaución, ha puesto en marcha AccelerateEU, un plan para coordinar el suministro de emergencia y garantizar que los Estados miembros empiecen a compartir lo que queda en sus reservas.

La UE también estudia nuevas importaciones desde EE.UU., aunque el combustible estadounidense sigue estándares químicos ligeramente distintos. La Comisión Europea intenta transmitir calma, pero las recomendaciones de los ministros de Transporte de la UE, reunidos en Chipre antes de la cumbre de esta semana, resultan difíciles de aplicar: sugieren «neutralizar la demânda» recurriendo al transporte público y a las bicicletas eléctricas. El debate sobre la crïsis energética se abordará hoy y mañana en una cumbre informal de líderes de la UE en Chipre. Solo queda preguntarse cómo piensan llegar hasta allí.

Con información de: Medios Internacionales

¿Qué opinas de esto?