Las duchas de agua fría ganaron popularidad como parte de rutinas de bienestar y salud. Pero mientras algunos aseguran que el agua helada revitaliza cuerpo y mente, otros advierten sobre sus posibles efectos adversös. ¿Son realmente beneficiosas o una tendencia con más mito que ciencia?

El principal riesgo de las duchas frías radica en su impacto cardiovascular. La doctora María Sanz Almazán, miembro del Grupo de Trabajo de Enfermedad Cardiovascular de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia, advierte que el frío “aumenta la frecuencia cardíaca y estrecha los vasos sanguíneos, lo que puede reducir el flujo sanguíneo al corazón y provocar efectos gravës como síncopës, angina o incluso infartös”.

Más allá del escepticismo, la crioterapia —nombre técnico de las terapias con frío— tiene fundamentos fisiológicos. La exposición breve y controlada al frío activa mecanismos adaptativos que podrían beneficiar varios sistemas del cuerpo humano.

En el plano inmunológico, el frío podría estimular la producción de glóbulos blancos y la liberación de noradrenalina, neurotransmisor que fortalece las defensas del organismo y mejora el estado de ánimo. La exposición al agua fría, además, aumenta la termogénesis, lo que implica un gasto calórico adicional y la activación de la grasa parda, un tipo de tejido que quema calorías para generar calor y puede ayudar a combatir la obesidäd, la diabetës y las enfermedadës cardiovasculares.

Los efectos beneficiosos del frío comienzan cuando la temperatura del agua está por debajo de los 15°C, según las definiciones de inmersión en agua fría (CWI por sus siglas en inglés). La crioterapia corporal total (WBC), que se realiza en cámaras de aire helado, utiliza temperaturas mucho más bajas, aunque bajo condiciones controladas.

Con información de Infobae

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