La felicidad es una de las cosas que más se buscan a lo largo de la vida. Todo el mundo lo hace, de manera consciente o no. Hay quien dice que es imposible alcanzarla, mientras que otros aseguran que sí y que, además, está en los pequeños detalles, en las cosas más insignificantes. Aunque hay cientos de libros y de personas que se consideran expertas en la materia, lo cierto es que es algo muy complejo cuyo camino no es nada fácil de averiguar. Se puede estudiar desde la ciencia o desde la filosofía, pero lo que está claro es que nadie lo ha hecho nunca como Daniel Kahneman, uno de los psicólogos más influyentes del siglo y ganador del Premio Nobel.
Entre otras conclusiones, en el estudio se asegura que «la felicidad de las mujeres se encuentra más en las actividades actuales y la calidad del sueño que en las circunstancias estables de su vida». Esto quiere decir que la felicidad se construye a raíz de episodios cotidianos y no de juicios globales.
También se percató de que las emociones positivas predominan por encima de las negativas, que suelen ser menos intensas y frecuentes. El afecto positivo fue de las más destacadas en el diario. «El afecto positivo y el disfrute están fuertemente influenciados por el temperamento y el carácter», escribió el psicólogo, añadiendo que «la ausencia total de afecto positivo es rara». Las emociones diarias, por tanto, están ligadas a relaciones sociales, actividades concretas y bienestar personal.
Dentro de todo lo que hacemos en el día a día, hay algunas cosas que aportan una felicidad mayor que otras. Entre las más placenteras destacó relaciones íntimas, socializar, relajarse, comer o hacer ejercicio. Y entre las menos placenteras estaban trabajar, hacer tareas domésticas y desplazamientos. Además, es curioso que cuidar de los hijos no esté entre las actividades más placenteras, aunque sí que se suele valorar positivamente en términos generales por todas las encuestadas.
Con información de: Clarín









