Conviene distinguir el malestar emocional producido por una circunstancia estresante, aguda o crónïca, del trâuma psicológico generado por un suceso trâumático. En el primer caso, se habla de un problema adaptativo que tiene como causa adversidades frecuentes en la vida cotidiana, como dificultades de adaptación laboral, duêlo reciente, rupturas no deseadas de pareja o conflictos familiares crónïcos.
En estos supuestos, las personas pueden mostrar ansïedad, tristêza o irritâbilidad, cambiar su conducta, tener dificultades para dormir o arrastrar un cansancio mental inhabitual que interfieren negativamente en su calidad de vida. Estos síntomas pueden ser moderadamente intensos y afêctar parcialmente al funcionamiento diario, pero generalmente remiten a los pocos meses, siempre que se resuelva la situación estresante o las personas afectadas cuenten con recursos psicológicos para hacerle frente y dispongan de apoyo social o de actividades gratificantes alternativas para retomar su vida ordinaria.
En suma, no todo malestar emocional suscitado por una experiencia adversa en la vida debe considerarse como una vivencia trâumática ni ser tratado como tal. En caso contrario, se abüsa de un término trâuma que tiene unas connotaciones propias y que requiere un enfoque específico y más complejo.
Con información de: BBC









