Dicen que las palabras se las lleva el viento. Pero lo cierto es que hay palabras que son como dardos, que duelen y que no se olvidan con facilidad.

Pero ¿por qué hacen tanto daño las palabras? ¿Y cómo podemos liberarnos de su peso cuando ya han calado en nuestra autoestima? Esa es la clave: nuestras palabras pueden mover o inducir una respuesta emocional en la otra persona, que tenga que ver con su propia historia”. El psicólogo José Martín del Pliego.

“No te van a querer ni los perros’. Son frases que no te matan, pero te marcan para toda la vida. No importa cuántas horas de terapia le dediques a deshacerlas, ellas están ahí rondando, para reaparecer sin previo aviso. Son frases que, cuando las cuentas parece que estás exagerando, que no pudieron ser así, que quizá las recuerdas mal. Entonces descubres la crudeza de esas palabras.

Lo bueno es que un día, porque ese día finalmente llega, te sacas uno por uno. Llega el perdón. Y perdonamos. Más adelante viene la compasión. Es ahí cuando volvemos a sentirnos felices. Expresa el psicólogo.

Con información de: Cuerpomente

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