El envejêcimiento de la población y los nuevos modelos de convivencia han convertido el cuidado familiar en una pieza clave del bienestar social. Detrás de esa red de apoyo silenciosa hay millones de personas que dedican buena parte de su tiempo a menudo, de forma no remunerada y con escaso reconocimiento a acompañar, asistir y garantizar el bienestar de sus familiares mayores. Esta labor, que combina atención práctica y apoyo emocional, exige organización, conciliación y una dedicación casi constante a la que rara vez se le otorga la visibilidad que merece.
En tres de cada cuatro hogares, la persona cuidada es el padre o la madre, y en casi la mitad de los casos (47,4%) supera los 81 años. Más de la mitad (54,6%) de las personas cuidadoras atienden a familiares con algún grado de dependencia, y cuatro de cada diez conviven con ellos, lo que intensifica la dedicación y la carga emocional. El 85% comparte esta responsabilidad con otros miembros de la familia, mientras que un 14,6% lo hace en solitario, sin apoyo externo.
El cuidado requiere dedicación, organización y, a menudo, quitar tiempo a otras actividades. Así lo recalca el informe, que desvela que el 76% de las personas cuidadoras afirma haber tenido que restar tiempo de ocio o para sí mismas para poder atender a su familiar, y más de un tercio reconoce haber reducido el contacto con amigos u otros familiares. El 59,6% asegura sentir cansancio físico o emocional, y casi la mitad vive con la preocupación constante de si está haciendo lo suficiente. Sobre este tema, Rocío Orovengua apunta que «tratas de llegar a todo, pero a veces es imposible y te vas desgastando».
Pese a estas dificultades, la mayoría encuentra sentido en su labor. El 58% considera que cuidar es una muestra de afecto, y más de la mitad afirma que lo hace por elección personal. Además, ocho de cada diez cuidadores (81,2%) dicen que esta experiencia ha cambiado su forma de ver la vida. Entre las habilidades que refieren haber desarrollado destacan la paciencia (60,2%), la empatía (43,5%) y la fortaleza emocional (38,6%). «Por duro que parezca, y realmente lo es, me siento agradecida de haber tenido a mis hijas y ocuparme de mi madre, porque de casi todo se aprende», añade la salamantina.
Con información de: La Razón









