David Sinclair un investigador dedicado a la longevidad advierte que no solo importa lo que comemos, sino cuándo lo hacemos. En su opinión, comer con menos frecuencia, rompiendo el patrón de múltiples ingestas diarias, podría activar mecanismos biológicos que favorecen la mayor duración y la reparación corporal. Según el científico, esta práctica podría extender la esperanza de vida hasta dos décadas, aunque reconoce que cada cuerpo responde de forma distinta.

El experto afirma que antes se concentraba en recomendar alimentos específicos, pero ha cambiado su enfoque: “cuándo comes es tan importante como qué comes”. Sugiere que mantener largos periodos sin ingerir alimentos obliga al organismo a desplegar procesos de hormesis, una especie de estrés leve beneficioso que estimula la regeneración y el mantenimiento celular.

Este método no está exento de reservas. Aún faltan estudios clínicos amplios que respalden sus efectos a escala poblacional. Además, el especialista puntualiza que no se trata de adoptar un régimen radical sin supervisión médica, sino de ajustar hábitos de forma gradual y personalizada.

Sinclair confiesa que ha aplicado esta pauta, comer menos seguido, en su propia rutina diaria. Su propuesta busca que las personas reconsideren hábitos alimentarios más allá del contenido calórico y que valoren también la dimensión temporal de la alimentación para promover un envejecimiento con mayor calidad.

Con información de: El Confidencial

¿Qué opinas de esto?