No solo dan sabor y color a los platos, también despiertan los sentidos, aportan aroma y, en muchos casos, beneficios para la salud. Son ese toque mágico que transforma un plato simple en una receta memorable. Desde el onoto hasta el comino, pasando por la cúrcuma o la pimienta, cada especia tiene su carácter, su historia y su función.

Las especias son partes secas de plantas semillas, cortezas, raíces, flores o frutos que se utilizan para aromatizar, conservar o colorear los alimentos. A diferencia de las hierbas (como el perejil o el orégano, que se usan frescas o secas), las especias suelen proceder de zonas tropicales o subtropicales y se emplean en pequeñas cantidades, ya que tienen un sabor concentrado.

Históricamente, fueron tan valiosas que llegaron a usarse como moneda de cambio. Las rutas de la canela, el clavo o la pimienta impulsaron exploraciones y güerras, y marcaron el comercio mundial durante siglos. Hoy son un ingrediente cotidiano, pero siguen siendo sinónimo de cultura, mestizaje y arte culinario.

Empieza con moderación. Es más fácil añadir que corregir. Algunas, como la nuez moscada o el clavo, pueden dominar un plato si te pasas. Tuesta las especias enteras. Pasarlas brevemente por una sartén sin aceite realza su aroma. Después puedes molerlas o machacarlas. Combina con cabeza. Algunas especias se potencian entre sí (como el comino y el cilantro), mientras que otras se anulan si se mezclan mal.

Añádelas en el momento adecuado. Las especias más fuertes, como la canela o el laurel, se ponen al principio para infusionar. Las más delicadas, como el pimentón o la cúrcuma, al final para no quemärlas. Guárdalas bien. Manténlas en frascos cerrados, lejos de la luz y del calor. Pierden aroma con el tiempo.

Con información de: ABC

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