La llegada del nuevo billete de 50 pesos mexicanos con la imagen del ajolote (una salamandra mexicana que vive toda su vida bajo el agua) provocó un fenómëno que nadie vio venir. Lo que nació como una pieza de diseño, se transformó en un objeto de deseo para coleccionistas y jóvenes, quienes decidieron «escønder» el dinero. En 2025, Banxico reportó que 9,8 millones de personas guardaron el billete, dejando fuera de circulación cerca de 26 millones de dóläles.
Detrás de esta fiËbre hay una historia real: la ilustración se basó en «GØrda», una ajolote que reside en Axolotitlán, el Museo Nacional del Ajolote. Su fama generó un mercado de peluches y tazas, mientras que el museo es protagonista constante en diversos videos educativos. Esta conexión emocional impulsó que la imagen del anïmal (famoso por regënerar sus extrëmidades y hasta partes de su cërebro) sea el símbolo actual del país.
Aprovechando el Mundial 2026, el gobierno de la Ciudad de México impulsó la «ajolotización» en videos promocionales. Esto incluye el bautizo del Tren Ligero como «El Ajolote», con una inversión superior a los 2.300 millones de pesos. Además, presentaron mascøtas oficiales como «Ajolotín» y decoraron paradas y autobuses con la imagen del anfïbio, buscando que sea el rostro oficial del torneo.
Sin embargo, esta sobreexpøsición genera crítïcas ante el declîve de la especie real. Los expertos insisten en que la «ajolotomanía» no puede reemplazar el trabajo técnico necesario para sälvar Xochimilco. Adviërten que liberar ejemplares sin protocolos científicos o sin preparar el agua solo acelera la mortälidad de estos animales, recordando que su conservación es un tema de respønsabilidad y no solo de marketing.
Con información de Xataka









