Durante la Cuaresma, el pescado frito se convierte en uno de los platos más buscados en los hogares, y gran parte de su éxito está en la harina con la que se recubre. No se trata solo de usar harina común, sino de lograr una mezcla bien sazonada que aporte textura crujiente y potencie el sabor del pescado.

La base comienza con harina de trigo, a la que se le agregan especias clave como sal, pimienta, ajo en polvo, cebolla en polvo y pimentón. Esta combinación permite que cada pieza de pescado tenga un sabor equilibrado desde el primer bocado, creando una capa dorada y aromática al momento de freír.

Algunas preparaciones elevan la receta incorporando un toque extra como polvo para hornear, lo que ayuda a que la cobertura quede más ligera y aireada. Incluso hay versiones que mezclan la harina con líquidos como cerveza fría para conseguir una textura más esponjosa y crujiente, muy similar a la de los rebozados clásicos.

Otro detalle importante es secar bien el pescado antes de pasarlo por la harina, ya que el exceso de humedad puede afectar la adherencia y el resultado final. Una vez cubierto, debe freírse en aceite caliente hasta lograr ese tono dorado que caracteriza a un buen pescado frito, manteniendo el interior jugoso.

Así, más allá de la tradición, el verdadero truco está en la mezcla de ingredientes y en cuidar cada paso del proceso. Con una harina bien preparada y una fritura adecuada, este plato típico de la temporada se transforma en una experiencia irresistible que combina sencillez y mucho sabor.

Con información de: Cuaresma

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